LOS FABLIAUX

 

     En la Edad Media, además de los cuentos con intención didáctica, surgen otros relatos cuya finalidad más inmediata no es ofrecer una enseñanza morar sino divertir. Estos cuentos surgen paralelos al nacimiento de los burgos en el S.XII y a la aparición de un nuevo público ( mercaderes, artesanos, comerciantes ricos) entre los que se movían los juglares y los goliardos[1].

     De entre estos cuentos, destacan los fabliaux, cuentos humorísticos y satíricos en verso escritos en francés entre 1159 y 1340, aproximadamente. Tuvieron una extraordinaria difusión oral por todo el Occidente europeo. La mayoría son anónimos, atribuidos en ocasiones a los juglares y a los goliardos, aunque otros están compuestos por poetas cultos, de gran prestigio, como Jean Bodel y Rutebeuf (S.XIII).

     Aunque los fabliaux se transmitían oralmente en las plazas públicas y en las tabernas, no sólo estaban destinados a un público popular y burgués. También se recitaban en círculos más refinados, tanto en las cortes señoriales como en las eclesiásticas, para deleite de nobles, abates o damas refinadas.

     En los fabliaux no es frecuente la intención moralizadora, ya que su finalidad es provocar la risa, a veces con un humor grosero y obsceno. En general, en la mayoría de estos cuentos la astucia y el vicio triunfan sobre la virtud.

     · Características generales de los fabliaux:

-     Están escritos en versos octosílabos.

-         Dado que se transmitían de forma oral, emplean con frecuencia formas de apelación al público para que se les escuche, se les pague o se les dé vino (“voy a deciros”, “si me escucháis”, etc.)

-         En general, son piezas muy breves (no suelen pasar de 300 versos).

-         Esta brevedad propicia que la acción sea muy rápida y que la intriga suela estar constituida por una sola aventura. Apenas hay detalles o descripciones.

-         Los desenlaces suelen ser divertidos, optimistas y tranquilizadores: el avaricioso paga, el malhechor es castigado, el marido deja de tener celos, etc.

-         El tiempo es limitado. La mayoría de los fabliaux transcurren en una sola noche. El tiempo de la narración es lineal y la acción progresa de forma continua, sin interrupciones.

-         El espacio suele ser reducido e impreciso. Generalmente, el fabliau transcurre en un decorado único, y si hay un desplazamiento, apenas se dan detalles sobre el lugar en el que se desarrollan los acontecimientos.

-         Los personajes son poco numerosos (dos o tres personas es lo más habitual). Son, en la mayoría de los casos, antihéroes: clérigos corrompidos, maridos engañados, mujeres libertinas, ricos avarientos, etc. Aunque suelen carecer de profundidad psicológica, hay ciertos tipos que sobresalen: la mujer casada no es altiva ni débil, sino que se muestra enérgica, decidida, activa e ingeniosa; en oposición a las casada, las jóvenes solteras carecen de personalidad, son pasivas, de pocas luces, se las engaña fácilmente. Esta pasividad desaparece cuando se casan. Los jóvenes suelen recibir siempre un trato de favor, son fuertes, alegres, generosos, y se les perdona su comportamiento poco ejemplar. El viejo es tratado sin cariño; aparece como un ser tiránico, casado, a menudo, con una mujer joven empobrecida. El personaje peor tratado en los fabliaux es el párroco, que aparece con todos los defectos, sobre todo, con el de la lujuria, que lo lleva a seducir tanto a casadas como a solteras.

-         El vocabulario es muy variado. Aunque algunos fabliaux están escritos en un estilo muy correcto, son frecuentes los términos familiares y populares: abundan las interjecciones, las redundancias (”era maravillosamente bella y de una gran belleza”, por ejemplo), los términos obscenos, etc.

-         El tema más frecuente es el amoroso, centrado en adulterios, triángulos amorosos y casos de seducción. El tema dominante es el adulterio femenino, unido muchas veces al tema de la malcasada. La visión del sexo que se percibe es muy natural, ya que quedan excluidas las enfermedades, la tristeza o el sentimiento de culpa. Los autores presentan a personajes que sólo parecen preocupados por la diversión y el placer.

 

      En esta línea de cuentos humorísticos podemos incluir las siguientes obras:

-                   En la literatura española destaca la obra del Arcipreste de Hita, el Libro de Buen Amor (S.XIV)

También en el S.XIV, época de transición hacia la nueva mentalidad renacentista encontramos dos de los mejores cuentistas medievales:

-                   En la literatura italiana, El Decamerón de Boccaccio.

-     La narrativa inglesa nace en el siglo XIV con la obra de Geoffrey Chaucer, Cuentos de Canterbury, escrita en verso, con algunos pasajes en prosa.

 

 



[1] Los goliardos eran estudiantes o clérigos vagabundos que llevaban una vida errante y que escribían un tipo de poesía inspirada en los autores clásicos, en la cual cantaban los placeres de la vida y el amor carnal y en la que atacaban a la jerarquía eclesiástica. Entre los manuscritos conservados con sus poesías destacan los Carmina burana ( colección datada en el S.XIII).